EL JUICIO DE PARIS (III) LA SEGUNDA DIOSA
Podríamos habernos divertido mucho de no ser usted detective...
Cada vez que Paris se encuentra con la mujer del delegado se le viene a la cabeza la misma película, y se pregunta por qué no es detective y un poco más bajito. Así tal vez pudiese ver algo más cercana a aquella Bacall de carne y hueso. Le resulta extraño, en estos breves lapsos en los que se cruza con ella, saberla de verdad. Lo más común suele ser verla cruzar el hall dando los buenos días y dirigirse directamente al ascensor para subir al despacho del delegado. Deja entonces en el aire una especie de esencia que hace que por un rato el tiempo vaya más despacio, las palabras se pronuncien más bajito e incluso huela mejor, tal vez por su sutil perfume de granada y amapolas. Pero cuando se dirige a él directamente, le empiezan a correr unos sudores fríos dignos del mismísimo detective Marlowe.
- Hola, Paris... ¿No es usted muy alto, verdad?
Aquí hay gato encerrado, se dice Paris para sí mismo. Es la primera vez que la escucho bromear conmigo.
- Bueno, hice lo que pude (Cinéfilo como el que más le responde, armándose de valor. Un sudor frío comienza a correrle por la espalda) Buenos días, doña Hera, ¿cómo usted por aquí?
- Vengo a por lo mío, a que me digas a que hora comenzamos el curso de manzanología.
- Pero... ¿ya está inscrita?
- Uy, qué tonta, la inscripción... si es que le pedí a mi marido que lo hiciera, pero como es un desastre tal vez no te lo haya dicho. Mi marido... el delegado....
El discreto cambio en el tono de voz no le pone las cosas fáciles a Paris.
- Bueno, es que ya no sé si quedan plazas. Como la inscripción termina hoy, pues....
- Mira, no creo que haya problema, ¿verdad? -Hace una pequeña pausa, parpadea levemente y saca un cigarrillo- sólo quería saber a qué hora tengo que estar aquí.
- E-está prohibido fumar, doña Hera.
Nueva pausa. Ella enciende un cigarrillo, aspira levemente la primera calada y expulsa levemente el humo mientras lo mira fijamente a los ojos. En ese momento Paris agradece enormemente la invención del desodorante.
- Hacía tiempo que no me pasaba por esta planta a ver cómo os iba -dice mientras guarda el tabaco en el bolso- ¿no erais tres antes, aquí?
- Pues si, pero uno de nuestros compañeros lleva ya bastante tiempo desplazado.
- ¿Desplazado?
- Pues sí, está haciendo diversos trabajos por todo el edificio. Ha tenido que limpiar los discos duros del servidor de Augías, el programa de archivo, estuvo después buscando documentación perdida de unos cuantos expedientes, tuvo después que subir a echar a las palomas del tejado del ala sur.. en fin, trabajos diversos. Hace tiempo, de hecho, que no lo vemos por aquí.
- Ah, sí, ahora recuerdo a ese muchacho. Siempre pensé que no estaba capacitado para estos trabajos. Estoy segura de que le ayudan para que pueda hacerlo. Bueno, por cierto, ¿Tú qué tal?¿Estás estable en tu trabajo?
A Paris le gustaría en ese momento que sonase un despertador, que alguien contase hasta tres o que de repente surgiese una cámara de alguna parte y le informasen de que todo era una broma, porque considerar su situación laboral como precaria era mirarla con muy buenos ojos. Pero ni cámara, ni despertador ni cuanta hasta tres, así que no le queda más remedio que aguantar de pie el envite.
- Te lo decía por si tienes interés en cambiar un poco esta vida de interino que llevas, y pasar a funcionario, que es como mejor se vive. Me han dicho que hay una convocatoria en breve, porque van a jubilar a toda la planta de Asia, y fíjate tú que a mí me pegas como jefe de servicio...
- Pueeees... bueno, yo.... estaría encantado, claro, nada me gustaría más. Esa planta tiene unas vistas preciosas.
- Todas para ti, majo. Mira, yo voy a subir ahora a hablar con mi marido, a la quinta planta. Tú veme rellenando los papeles esos que dices y luego me comentas a qué hora tengo que venir.
- Pero de verdad, que no sé si hay plaza, que no tengo yo que ver en eso...
- Venga, venga, seguro que puedes poner mi solicitud encima de la que haga falta. En la quinta planta estoy, si te hago falta.
- Esteeee... Doña Hera, en la quinta planta hay secretaria nueva
- ¿Secretaria nueva? ¿En la planta de mi marido? Le voy a poner los ojos como dos tomates y no va a poder cerrarlos en su vida..
Hera abandona el despacho y se pierde dentro del ascensor; un aroma mezcla a garanadas y amapolas inunda la estancia.
- Ze, dale entrada a esto...
- Sin hora de entrada, ¿no? Tómate un vaso de agua y reponte, chaval, que parece que has tenido una aparición...
- Bueno, casi. Se me ha aparecido una diosa. Una diosa de celuloide.
Y se encamina hacia el final del mostrador.
(...)
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dawn dijo
genial.., un abrazo
10 Julio 2008 | 07:15 PM