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La Coctelera

loqueyotecontara

11 Julio 2008

EL JUICIO DE PARIS (V): EL VEREDICTO

- Hola Paris, qué pronto has llegado hoy... ¿qué, hacemos un ratito hasta la hora del café?
- No puedo, tengo cosas que hacer.
- Yo también, pero no pasa nada, hombre, tenemos hasta la jubilación para hacerlo...
- No, en serio, tengo cosas que hacer. Pásame las fichas de inscripción de ayer.
- ¡Huy es verdad! El gran dilema... apuesto a que no has pegado ojo en toda la noche. ¡no lo he pegado yo, y no llegué a hablar con ellas! Toda la noche sin dormir.
- Ze, eres incorregible. Me juego un ojo a que sé por dónde ha ido tu imsomnio.
- Bueno, y.... dime, ¿por quién te has decidido?¿Me vas a hacer caso y la vas a dar la plaza a la más hermosa?
- Eso es imposible. Las tres son divinas. No podría escoger a una sola.
- Bueno, pues entonces te guiarás por los regalitos que te han propuesto.
- Algo de eso hay....

- Y... ¿Qué?
- ¿Qué? Ahora verás. Alcánzame el teléfono.
.

- Hola... ¿Venus? Qué tal, soy Paris, te llamo por el curso de manzanología... sí, espero un momento.
- -Si ya lo sabía yo... empezaba a pensar que no te gustaban las mujeres... no te olvides preguntarle si en esa cervecita cabe alguien más
- -(Qué cortito eres, Ze) ¿Ya estás libre, Venus? Mira, que quería comentarte... sí, lo de la copa de ayer que me prometiste... pues mira, que no va a ser posible. ¿Sabes? Es que ya no quedaban plazas. Si, si, de verdad, es imposible, no se puede hacer nada. Claro, claro... más lo siento yo, que me voy a quedar igual que estaba... pero bueno, independientemente del curso digo yo que podría llamarte y quedar algún día.... ¿cómo dices? Que me vaya dónde? Oye, ¡oye! Pues no que me ha colgado....
- No me lo puedo creer. ¿Pero tú sabes lo que has hecho, hombre? Esta historia no es así....
- No me molestes. Tengo que hacer otra llamada. ¿Hola?¿Hola? Buenos días, ¿Fundación Éfeso? Con Aitana, por favor...
- Increíble. ¿de verdad le vas a dar la plaza a ésta? A ti te ha tirado mucho el rollo ese de los libros. Vale que la chica no estaba nada mal, pero... tú sabes que es de esas mujeres a las que en vez de piropos les tienes que decir epítetos, verdad?
- Te veo muy instruido. Epíteto. ¿de verdad sabes lo que es eso?
- Claro que sí. Sale en los crucigramas. Siete letras
- ¿Aitana? Hola, qué tal, mira te llamaba por el curso de manzanología. Sí. Verás, quería sólo informarte de que al final no hay plazas disponibles, de momento. Lo siento de verdad, eh? Me hubiese gustado charlar un rato más contigo delante de un café. Si, una lástima, sí. No, no creo que se pueda hacer nada. Lo lamento, de verdad. Sí, si. Claro. Muy interesante, sí. En fin. Una cosa quería preguntarte: ¿podría dejarte mi currículum, ahí en la fundación? Ah, que ahora no hay plazas... claro. Que a lo mejor de portero. Claro. Un buen empleo, si. Bueno, pues me pasaré, eh? Muchas gracias.
- O sea, que al final te tira el poder, que le vas a dar la plaza a la mujer del delegado.
- Un momento y te respondo. ¿Hola? ¿Hola? ¿Eres la secretaria de la quinta planta? Mira, dile al delegado que voy a colocar en el tablón la lista cerrada del curso de manzanología. Sí, sí, la última plaza se dio ayer por la mañana. No, su mujer llegó tarde. Pero hazme un favor: díselo al delegado después del desayuno. Muchas gracias.

- Espera un momento que se me acaba de caer la mandíbula al suelo, la recojo y sigo hablando contigo. Paris, Paris, tú estás loco. Has dejado fuera a doña Hera...
- Pues... sí. No es para ella.
- Y tampoco para Aitana....
- No, ella tampoco.
- Ni la tal venus...
- No, ni la tal Venus.
- Y... ¿me lo explicas o mejor me lo explicas?
- Pues mira, es por algo que leí anoche. ¿Conoces a Kundera?
- ¿Kundera?¿El de los huevos Kundera de chocolate? Para mí que no se pronuncia así...
- No hombre no, Kundera es uno que escribió un libro. “qué pesado es esto de no pesar mucho” creo que se llamaba.
- ¿Ahora lees libros de dietas?¿Te has vuelto culto?¿O culturista?
- No, qué va, qué voy a leer. Anoche me topé con él en el gúgel, buscando un sitio para irme de vacaciones... que debe ser italiano, porque lo encontré buscando Milán. El caso es que leí algo sobre la coquetería y las promesas incumplidas que me hizo pensar.
- Ya. Y déjame adivinar. Después de pensar, por la falta de costumbre, te volviste idiota y tiraste por la borda el poder, la belleza y la sabiduría, como acabas de hacer.
- Ze, Ze, qué poco usas tu segunda víscera de mayor tamaño, después del hígado...
- Bueno, que lo uso poco lo dirás tú. A mí me gusta el bamboleo tanto como el ron.
- Ze, las promesas de estas damas sólo son señal del interés que tiene en el premio. A lo mejor es por una cuestión de competitividad, a lo mejor se conocían y cuando salieron de aquí se vieron las tres y estuvieron discutiendo un rato sobre quién sería la escogida, pero a mí me da que ese premio es una auténtica joya, un regalito dorado que no debe desdeñarse sólo por una cuestión de competitividad. Creo que ha de ser para alguien que sepa aprovecharlo.
- Ya, y has decidido dárselo a tu Danone.
- Enone, imbecil. Se llama Enone. Y no, con lo que sabe y lo que vale, ella no necesita que le de este curso para nada.
- Entonces, ¿a quién le vas a dar la plaza?
- Te lo diré si me dices de una vez por todas de dónde viene el nombre de Ze. Una eternidad siendo amigos y todavía no lo sé.
- Me da igual quien vaya al curso ¿eh? Si es por eso, no te lo pienso decir.
- No te da igual
- No insistas.
- Bueno, vale, no insisto. No lo vas a saber.
- Pues no lo voy a saber.
.
(...)
.
- Zacarías. Son mis iniciales. en realidad me llamo Zacarías, como mi padre. Es una costumbre de mi pueblo.
- Ya. Y... ¿la E?
- Mi madre, el día antes de que yo naciera, soñó con un santo y decidió ponerme su nombre.
- ¿Esteban?¿Ernesto?
- Dime primero el nombre de quien va a ese curso.
- Te vas a quedar sin saberlo.
- Está bien.... Eulogio. Me llamo Zacarías EUlogio Sánchez.
- Pues la plaza... es para mí.

Paris se marchó del ministerio después del café, y no volvió nunca. Asistió al curso de manzanología y fue un alumno aventajado. Cuando terminó con Matrícula, montó una academia particular. Sus primeras alumnas fueron Aitana, Hera y Venus (cuyo nombre real era Afrodita) que pagaron suculentas sumas por una curso exclusivo para cada una de ellas, entregándoles a cada una una preciosa joya de diseño exclusivo con forma de manzana. Por supuesto, ninguna supo que, a la vez, las otras dos estaban recibiendo las preciadas clases... Con el dinero obtenido, Paris montó una galería de tiro con arco a la que empezaron a apuntarse las más altas esferas de la ciudad, pues era un deporte que se consideraba de muy alto rango. Y convertido en hombre de negocios y apuesto como era, no tardó Paris en llegar a conocer a Helena por sus propios medios y hacerla beber los vientos por él. Aunque eso forma parte de otra historia.

Lo que le debió por siempre a aquellas tres diosas que un día decidieran cruzarse en su camino fue el darse cuanta de que la victoria en cualquier batalla es fruto de la sabiduría y el equilibrio entre la pasión y la razón; que el conocimiento conduce al éxito aunque no le viene mal un poco de poder para auparlo; y que ciertos atributos físicos ayudan a suplir al poder y a la sabiduría, pero cuando se combina todo junto sabiamente, el mismo Olimpo queda justo a la altura de la punta de los dedos de cualquier ser humano.

Pasado el tiempo, Paris se siguió cruzando con las tres diosas. Se hizo benefactor de la fundación Éfeso, con lo que pasó largas jornadas con la bella Aitana, embarcado en cruceros culturales que él mismo había organizado. Se encontraba con frecuencia en fiestas de alto copete con doña Hera, a la que el paso del tiempo hizo más bella aún que a la Bacall en sus mejores tiempos, y que, entre batalla y batalla con las mosconas que atosigaban a su marido, que se dejaba querer, tenía siempre tiempo para dedicarle un par de pestañeos. Y con Afro y Helena se corrió más de una juerga que acabaron viendo amanecer en las arenas de las playas de Ítaca.

Y cada noche, cuando descansaba en brazos de la Bella Enone y le contaba sus peripecias, ésta no podía menos que sonreirse y pensar que, al final de todo, las cosas no le iban del todo mal, pues tenía a su lado a uno de los hombres más deseados.

Y en su cuenta corriente, la mitad de los gananciales.

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