PROMESAS
Hoy he llegado más tarde. Lo sé, sé que no es algo que case bien con mi autopromesa de limar los fallos que arrastro y entre los que se encuentra la cuestión de la puntualidad, pero es que entre mis objetivos para el nuevo año también estaba el de no preocuparme más que por aquello que resultase imprescindible. De todos modos, debo reconocer que en el camino desde casa al estudio –que ya puedo llamar como tal una vez superada la fase en la que cada caja y cada libro ha sabido encontrar su lugar sin ayuda, pues dado que yo no he hecho nada o ha sido eso o es que estoy acostumbrándome a verlo todo en el lugar en que cayó durante la mudanza y oye, tampoco está tan mal – me debatía, decía, en el camino de la casa al estudio entre la eterna dicotomía de querer cambiar las cosas que uno sabe que no funcionan o, por el contrario, saber que no funciona querer cambiar las cosas de uno, que aunque suene prácticamente idéntico viene a ser justamente lo contrario.
Uno está ya en esa edad en que seguramente sean más los años usados que los que le quedan por gastar. Eso quiere decir que, si quisiera volver a pasar una a una por todas las decisiones que he ido tomando a lo largo de mi vida para optar por caminos alternativos a los que me han llevado hasta el aquí y ahora, si quisiera, digo, rehacer mi vida paso por paso y con ello tratar de borrar una a una todas las decisiones equivocadas que he ido tomando, cada actitud que no me ha llevado a ningún sitio o cada costumbre que ha degenerado en vicio, seguramente no me quedaría ya tiempo para enmendarlo todo. Y eso, visto desde el punto de vista del vaso medio vacío, significa que no me queda ya tiempo para enmendarme. Que voy a morir, cuando me toque, sin ser capaz de cambiar en los puntos oscuros que me hacen sentir un poco como decía Groucho Marx: “nunca sería miembro de un club que me admitiera como socio”. Pero visto desde el punto de vista del vaso medio lleno, va a resultar que con esa reflexión mañanera sobre el tiempo que me queda zozobra matemáticamente toda posibilidad de hacer en mi vida borrón y cuenta nueva y dicho de otro modo: que como no me da tiempo a volver a dibujar mi vida de nuevo, mejor me quedo como estoy. Con fallos, con asperezas, con vacíos, con tardanzas. Así, de pies a cabeza. A paseo las promesas de ser mejor persona.
Además, afortunadamente, este año que arrancó cuajado de promesas que ya sé que acabaré por no cumplir trae aparejado, allá a lo lejos, la promesa de un año siguiente, y con el la posibilidad de dejar los cambios para el año que viene.
Que no se diga.



dawn dijo
mi querido amigo, me ha gustado mucho tu reflexión, crei que era yo sola la que pensaba que estaba andando el camino de bajada, pero veo que somos mas, de todos modos, al final siempre esta nuestra casa, sea cual sea.
un gran abrazo y cumple cosas que desees y creas importantes este año, ya sabes uno menos por pasar.....
un abrazo
8 Enero 2009 | 02:05 PM