SEIS SONRISAS/DOS

"Fue sobre todo el silencio lo que más me impactó. Era un silencio impresionante, algo que yo nunca había sentido en la Tierra, tan inmenso y profundo que comenzaba a sentir el ruido de mi propio cuerpo: mi corazón golpeaba, mis venas latían, incluso me parecía escuchar los crujidos de mis músculos, moviéndose uno junto al otro. Había en el cielo más estrellas de lo que me había imaginado. El cielo era de un negro profundo..." (Alexi Leonov, 1965)
El 7 de Febrero de 1984, Bruce Mc Candless (en la fotografía) realizó el primer paseo espacial totalmente independiente. Separándose más de cien metros de la nave, ha sido hasta la fecha el paseo más largo realizado sin fijación a ésta, flotando en el espacio durante varios minutos.
Yo no sé si es cierto o es uno de esos recuerdos que crea nuestra cabeza para, anclado a él, acabar encontrando ciertas semejanzas entre lo cotidiano de nuestras vidas y lo trascendental de éstas, pero recuerdo que en cierta ocasión leí que a los cosmonautas que realizaban estos vuelos libres les daban órdenes estrictas de no perder nunca de vista la nave o la tierra, bajo el temor de que la visión del espacio infinito unido al silencio reinante les condujese a un estado de embriaguez que les hiciera perderse en el espacio infinito.
Por eso me resulta tan embriagadora esta imagen. Yo a veces me identifico mucho con el personaje de Nancho Novo en la película de Santi Amodeo: "Me siento como un astronauta que han soltado en medio de la luna y le dan una tele, palomitas y una novia, para que se divierta... ¡y no me divierto! Y se le ve tan natural como una calavera a la que han insertado la sonrisa de Mary Poppins..."
Me siento, decía, como un astronauta. Como ese hombre de la imagen, colgado de ninguna parte y obligado a mirar siempre en la misma dirección para evitar olvidar saber ser quien es y regresar al lugar de donde ha venido. Mantener la vista siempre fija en cosas que a veces no suponen nada más que una referencia lejana reflejada en la visera de mi escafandra. Pero cuando me siento así me resuena en el fondo de la cabeza una y otra vez ese recuerdo incierto de la orden de no volver la cabeza me hace pensar en ser travieso. En qué pasará si miro hacia otro lado. Si me doy la vuelta. Si pierdo por un momento el norte no marcado de lo que representa ese mundo tan redondo y -hay que ver cómo miente la distancia- tan azul. Y sin querer queriendo, de vez en cuando, consigo girarme un poco y, de soslayo, intuir el espacio infinito. El lugar de lo que no está escrito. El vacío en el que flota un universo de posibilidades, expresadas en forma de futuro de subjuntivo: "si fuera... si hiciese... si quisiera....". Y sin poder evitarlo, cada vez que lo hago, se me escapa una sonrisa.
El universo infinito está detrás de mí. No termina en la tierra, ni en la nave nodriza. Ni en los papeles de encima de mi mesa, los clientes que no pagan o los costes de producción. Depende de que sepa darme la vuelta. Un grado detrás de otro, un pasito detrás de otro... tal vez un día consiga que esa sonrisa fugaz no se me borre nunca de la cara.


dawn dijo
me he tragado tu post de golpe.
me has impactado, admiro tu sensibilidad, eres un gran tipo.
no puedo extenderme en el comet, pero que sepas que tanto la imagen como lo que cuentas y como lo cuentas, me parece de una gran calidad humana.
un abrazo.
30 Enero 2009 | 02:45 PM